Una de preguntas clásicas que nos hacemos a la hora de comprar juguetes es si existe una preferencia innata influenciada genéticamente por la que, por norma general, los chicos prefieren jugar con coches y las chicas con muñecas o si realmente son las presiones sociales las que terminan decidiendo esta elección. Este debate abierto levanta casi siempre bastante polémica y susceptibilidades y desde Caleidoscopio trataremos el tema desde los dos puntos de vista valorando diferentes estudios sobre el mismo. ¿Las preferencias por los juguetes son algo innato o producto del aprendizaje social?. Sigue leyendo para informarte.

Buceando en la red encontramos innumerables artículos sobre este tema, en muchos casos relacionados con el tratamiento de la publicidad desde un punto de vista sexista o sobre las diferencias entre hombres y mujeres.

Analizando gran cantidad de estos artículos encontrados vemos que muchos de ellos centran su conclusión en el determinismo genético, en el carácter innato de estas preferencias a la hora de elegir juguetes. Varios artículos apelan para justificar esta conclusión a una investigación de la Universidad A&M de Texas en Estados Unidos.

Según este estudio los genes determinan las preferencias por lo juguetes y explican que existen juguetes más femeninos como las muñecas y juguetes más masculinos como los camiones y esa elección es fruto de una programación genética en función del sexo del niño. Para llegar a este dictamen realizaron un experimento con 30 bebés de entre 3 y 8 meses de vida, lo cuales todavía no se encuentran expuestos a presiones sociales. A cada niño se le mostraban dentro de un teatro de títeres una muñeca o un camión y la conclusión fue que los niños mantenían una preferencia el camión y las niña por la muñeca.

Según esta y otras investigaciones, los responsables explicaron que los niños buscan acción y movimiento y las niñas buscan juguetes más tranquilos y educativos y esta preferencia se suele justificar apelando a tiempos ancestrales en donde el hombre se mostraba más activo y con la necesidad de buscar el alimento y la mujer se quedaba cuidando y alimentando a los hijos.

Podríamos utilizar muchos más ejemplos e información relacionada con esta tendencia de pensamiento pero redundaríamos en ocasiones en los mismos argumentos y como en este post no pretendemos ni sentar catedra ni hacer una tesis sobre el problema, nos quedaremos con estas ideas en torno al determinismo genético para resolver la dicotomía sobre las diferentes preferencias a la hora de elegir juguetes tanto por chicos como por chicas.

Sin embargo, otros muchos estudios no quieren creer en este determinismo genético, en estas leyes impuestas y tratan de entender el problema desde otros puntos de vista. Es el caso de Natasha Walter en su libro Muñecas vivientes. El regreso del sexismo, en el cual, la autora aboga por una explicación social de este fenómeno y crítica el empeño de muchos expertos por tratar de explicar todo desde el punto de vista hormonal o genético, en donde la testosterona y la oxitocina mandan. Todos estos expertos lejos de cuestionarse cómo contribuyen los factores sociales a crear diferencias de género, caen en el fatalismo. No se cuestionan ideas tan claras como que realmente nuestros hijos crecen en un mundo en donde imperan valores medievales y las niñas quieren ser princesas y los niños luchadores.

La explicación sobre el tema de esta autora es muy interesante y en otro post hablaremos sobre como influye la publicidad a la hora de asignar roles sexistas.

Realmente el problema queda abierto, ¿tu que opinas?